México hacia la circularidad: no es una ley, es un cambio de juego

El 19 de enero de 2026 se publicó en México la Ley General de Economía Circular (LGEC).
Y no, no es “otra ley ambiental más”.

Es un intento —por fin— de cambiar cómo producimos, consumimos… y tiramos todo.

Porque hasta hoy, el sistema ha sido bastante simple (y bastante absurdo):
extraer → fabricar → usar → tirar

La LGEC viene a romper eso.

¿Qué cambia realmente?

Más allá del nombre bonito, hay dos cosas que sí mueven el piso:

1. Responsabilidad Extendida del Productor (REP)
Las empresas ya no pueden lavarse las manos después de vender.
Si ponen algo en el mercado, también son responsables de lo que pasa cuando ese producto se vuelve residuo.

2. Derecho a reparar
Se busca frenar la obsolescencia programada.
O sea: eso de que las cosas “misteriosamente” dejan de funcionar para que compres otro modelo… ya no debería ser la norma.

En teoría, esto empuja a que los productos duren más, se puedan arreglar y no terminen en la basura tan rápido.

Lo bueno (porque sí hay cosas muy buenas)

Aquí es donde se pone interesante:

Diseñar mejor desde el inicio
Si sabes que tu producto no puede terminar en un tiradero, tienes que pensarlo diferente desde el diseño.
Más simple, desmontable, reparable.

Nuevas oportunidades (de verdad)
Reparar, reacondicionar, recolectar, reutilizar… todo eso deja de ser “extra” y se vuelve negocio.
Y sí, eso puede traducirse en empleos más alineados con el medio ambiente.

Decisiones con datos (esperemos)
Se plantea una plataforma nacional para medir qué está pasando.
Menos discurso, más números.

Lo complicado (porque no todo es tan bonito)

Aquí es donde la realidad mexicana entra a la conversación:

Las PyMEs la van a tener difícil
No todas las empresas tienen recursos para rediseñar procesos, medir impactos o cumplir con nuevas reglas.
Sin apoyo real, esto puede volverse una carga más que una oportunidad.

Infraestructura… la gran deuda
Puedes diseñar algo “reciclable”…
pero si no hay dónde reciclarlo, no sirve de mucho.

Y hoy, en muchos municipios, esa es la realidad.

Aplicación lenta e incierta
Como muchas leyes en México, esto va por etapas.
Y todo depende de qué tan rápido (y bien) se definan las reglas específicas por sector.

Y aquí viene algo incómodo (al menos en Nuevo León)

Hay un tema del que casi no se habla lo suficiente cuando decimos “economía circular”:

No todo lo que suena a solución… realmente lo es.

¿Qué pasa con la pirólisis?
En teoría, convierte plásticos en combustible. Suena increíble: “reciclamos” lo que no se puede reciclar.

Pero en la práctica, muchas veces es más una forma de seguir quemando residuos que de cerrar el ciclo.
No regresa el material al sistema como producto: lo convierte en energía y se acaba.

Eso es más bien economía lineal disfrazada.


Reciclar no es lo mismo que circular

También vale la pena hacer esta distinción (porque cambia completamente la conversación):

Upcycling (suprareciclaje)
Cuando transformas algo en un producto de mayor valor.

Downcycling (infrarreciclaje)
Cuando el material pierde calidad en el proceso.

Y aquí está el punto clave:

Mucho de lo que hoy llamamos “reciclaje”… en realidad es downcycling.
O sea, solo estamos alargando un poco el camino hacia el tiradero.

Las 7R: donde realmente empieza el cambio

Si queremos que esto funcione, hay un orden lógico (y no, no empieza en reciclar):

  1. Rechazar → lo que no necesitas desde el inicio
  2. Reducir → consumir menos y mejor
  3. Reutilizar → alargar la vida de los objetos
  4. Reparar → antes de reemplazar
  5. Renovar / Reacondicionar → dar nueva vida a productos usados
  6. Reciclar → transformar materiales cuando ya no hay otra opción
  7. Recuperar → extraer energía como último recurso

El problema es que muchas veces estamos empezando por la última… y llamándolo solución.

¿Y nosotros qué?

Aquí es donde a mí más me importa poner el foco.

Porque esta ley no funciona si seguimos consumiendo igual.

Consumir también es decidir
Cada compra es un voto.
Podemos empezar a elegir productos que duren más, que se puedan reparar o que realmente tengan sentido.

Separar (bien) sí importa
No es opcional si queremos que esto funcione.
Mezclar residuos es básicamente romper cualquier intento de circularidad.

Aprender a decir “no”
No a lo desechable innecesario.
No a lo que está hecho para fallar.
No a comprar por inercia.


Entonces… ¿qué sigue?

México tiene una oportunidad grande aquí.
Pero no se trata solo de cumplir una ley.

Se trata de cambiar la lógica completa del sistema.

Pasar de una economía que agota…
a una que aprovecha, regenera y cuida.

Para las empresas, esto ya no es opcional.
Para nosotros, es aún más interesante:

Es la oportunidad de vivir diferente.

No perfecto.
Pero sí más consciente. 💚

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